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Contratos inteligentes, transacciones inteligentes: ¿El fin de la interpretación contractual?

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Un acuerdo de voluntades es en lo que mundos jurídicos y de negocios suelen definir para este menester. De manera perenne, los contratos han sido parte de nuestra historia e incluso han sido elementos en donde futuros de naciones y civilizaciones se han definido. Los hay en varios semblantes, desde su forma consensual (solo consentir perfecciona el acto) hasta sus formas solemnes (requiere preceptos que la ley impone; una escritura, por ejemplo, en la venta de una casa) en donde individuos libremente, con cierta autonomía, fijaban sus términos para poder concertar un fin determinado. Según costumbre o legislación se hacía por medio de abogados o bien los documentos se conseguían preestablecidos en diversos establecimientos.

Sin embargo, como en toda relación humana, cada parte adolecía el sesgo presentado inherentemente a la agenda de sus metas. Aunque este sistema de contratos antiguo y milenario dio las bases para que la interpretación del mismo fuera de la más cabal fallaba siempre en un margen de error. Pues si el lector no me deja mentir, sobre todo un jurista, a la hora de interpretar un contrato puede haber cláusulas leoninas u oscuras en donde la tarea de interpretar se recrudece para con las funciones de juzgamiento. Tristemente, aunque los contratos se describan los hechos que acaecerán, las interpretaciones son las que a la hora de un conflicto se dirima valen; pues la mejor interpretación es la que mejor convence al juzgador y no siempre, como sabemos en el estado actual de nuestro sistema panameño de justicia, es apegada a derecho.

Pues como he mencionado en notas anteriores, la era exponencial nos trae una solución significativa para estas cláusulas que no permiten una ejecución limpia de la transacción. Los contratos inteligentes, como su nombre lo dicen, es una tecnología respaldada por blockchain o libros de almacenamiento distribuido en el cual se permite fijar términos para que los mismos sean cumplidos de manera autónoma. Fuera de la concepción legal, estos contratos funcionan más bien como un guion informático; que no solo los términos se fijan como tal, sino que recibe información de las partes como una especie de input.

Lo fabuloso del Blockchain es que permite dar un registro delo que se transa sin perjuicio de ninguna parte y, como en las criptomonedas, se da lugar a que sin terceros como el pútrido sistema judicial se puedan efectuar transacciones. Lo que implica que en los cambios Inter seccionales de nuestra existencia, una fusión entre la criptografía y el derecho en donde el papel de los abogados va verse forzado a innovar en distintas concepciones tradicionales; sobre todo si algún día los gobiernos permiten la legislación blockchain en el registro de sociedades y bienes inmuebles en donde los traspasos de propiedad van a verse fijados por contratos inteligentes y el perfeccionamiento del mismo se verá sujeto a que el guion se cumpla autónomamente.

Un profesor en la universidad me dijo en su cátedra ‘’Solo hay dos vertientes principales de contratos; los de mandato y compraventa, de ahí deriva todo’’ Entonces, con esta tecnología en auge incipiente, en donde fideicomisos, fusiones, adquisiciones, traspaso de autos; bienes y servicios en distintos sectores de la economía totalmente re-estructurados podrán ver una modalidad en donde sus intereses sean guarecidos en mayor resultado. En donde las fronteras no impiden hacer cambios de uso y costumbre pues estos dos aspectos se atañen a la esencia de esta nueva figura informática-legal.

Samuel Anguizola

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