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#JuevesDeRazón Ciencia y religión en perfecta comunión

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Antes que nada, me disculpo por no haber escrito la semana pasada. Un viaje familiar me impidió escribir el artículo. Dicho esto, este mismo viaje me ha permitido experimentar una dualidad que no se puede apreciar en Panamá.

Estuve en Bogotá una semana y me pareció fascinante ver como dos partes que considero casi opuestas han podido coexistir prácticamente en perfecta armonía.

Bogotá es una ciudad enorme (duplica la población nacional de Panamá), repleta de parques, museos y mucha historia. Al haber sido colonia española, no es de extrañar la alta religiosidad de la ciudad, incluso del país. En cada esquina una capilla, una iglesia, una catedral, cada una más hermosa que la otra. Los detalles de sus construcciones, el cuidado de las mismas y su imponente arquitectura asombran a cualquiera. La población es sumamente devota, celebrando festividades de vírgenes y santos prácticamente un lunes por mes.

Sin embargo, lo que sí me sorprendió fue su gran proyección científica. COLCIENCIAS, el departamento administrativo de ciencia, tecnología e innovación, es una entidad estatal que se encarga de promover las políticas públicas en estos ámbitos. Tienen un museo geológico donde se pueden apreciar desde diversos tipos de rocas y piedras preciosas y cómo se catalogan, hasta fósiles de plesiosaurios, mastodontes y perezosos gigantes. Tienen un planetario donde explican el origen del universo, por qué hay fases lunares y cómo se dan estas, cómo se ve el universo dependiendo de las frecuencias de onda de luz que escojas, desde los rayos gama hasta las ondas de radio, explican que es la materia oscura y cómo se está estudiando su efecto en el universo, y muestra en un domo como es el cielo nocturno con todas sus estrellas y las historias de las constelaciones. Tienen un museo interactivo, similar a Explora aquí en Panamá, donde jóvenes y adultos pueden experimentar desde sismos de 7.1 escala de Richter, hasta los efectos de la electricidad estática y los principios de funcionamiento de una jaula de Faraday.

En fin, sentí una gran alegría ver que, en un país tan religioso como Colombia, la ciencia tiene un lugar importante al igual que las artes y que la población entiende que estas ramas del conocimiento humano son las que permiten liberar nuestra imaginación y esas ganas de conocer que somos y de donde venimos y nos elevan espiritualmente como especie (y no me refiero a la espiritualidad religiosa, sino a esa sensación de asombro y maravilla al descubrir y aprender acerca del mundo en que vivimos y del que somos parte).

Por otra parte, sentí gran tristeza al ver cómo, en Panamá, cada vez se hace más obvia la presencia de la iglesia católica en la toma de decisiones que afectan a toda la población, católicos o no. Esfuerzos seculares por abordar temas como la educación sexual, abortos, eutanasia, matrimonios igualitarios entre otros son descartados por una clase política sin ningún tipo de conocimiento acerca de estos temas. Me duele como panameño ver cómo estos ignorantes de saco y corbata se encargan de volver cada vez más ignorante a una ya ignorante y vulnerable población.

 

Javier Narváez

Ingeniero Electromecánico y colaborador de ClaraMENTE con su columnas Jueves de Razón.

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