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#JuevesDeRazón – Reacciones Semánticas

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Cucaracha. Sapo. Einstein. Tornado. No-Me-Olvides.

¿Qué sentiste al leer estas palabras? ¿Qué imagen viste en tu cerebro? Me atrevo a decir que miedo, asco, un hombre canoso sacando la lengua, impotencia y dulce, en ese mismo orden. Seguramente la mayoría de los lectores concordarán con más de la mitad.

Estas son las reacciones semánticas asociadas a las palabras, las que les dan vida, por decirlo de una manera. Tomemos por ejemplo la primera palabra: cucaracha. Si analizamos al objeto cucaracha sabemos que es un insecto como muchos otros y que la peor amenaza que representa ante un ser humano es la transmisión de enfermedades; nada que no pueda resolverse con un buen lavado de manos o un baño. Dicho esto, ¿por qué tantas personas les tememos a las cucarachas?

Esta reacción semántica es un proceso que se desarrolla en el cerebro desde que somos muy pequeños. Cuando un bebé gatea cerca de una cucaracha, nunca falta el adulto que corre despavorido (con todo lo que esto involucra: gritos, gestos, premura y demás) a agarrar al bebé y matar a indefenso animal. Después entendemos que las enfermedades pueden matarnos si no las tratamos a tiempo. Luego de grandes escuchamos de la muerte y nos crean un concepto de “lo malo” que es esto. Al final lo único que entiende el cerebro es que la cucaracha es mala y debe morir porque si no te mata. Sí, suena exagerado, pero nuestros cerebros, tan capaces de hacer cosas maravillosas y una vez impensables, son órganos falibles por ponerlo bonito. Dicho de otra forma, si el mejor cerebro humano fuese una computadora, nadie la compraría.

Las reacciones semánticas son alimentadas por nuestro entorno: nuestros padres y familiares cercanos, la barriada en la que crecemos, la comunidad en la que vivimos, los alimentos que ingerimos, en fin, todo lo que nos rodea. Pongamos esto en perspectiva y usemos para este ejercicio la palabra robar. Según el Diccionario de la Lengua Española, una de sus definiciones es tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea. Para una persona de clase media, esto es un acto despreciable y hace merecedor de los peores adjetivos calificativos a quien lo hace. Para una persona de pocos recursos que vive en un barrio decente tal vez signifique lo mismo, pero para una persona de pocos recursos que vive en un lugar donde todos roban, pues no es más que uno de los tantos métodos que existen para obtener los recursos que necesita o quiere. Para una persona de clase alta de familia austera quizás signifique un acto vil, pero para una de familia inescrupulosa no es más que una oportunidad de negocio.

Esta es una debilidad de los idiomas actuales, por más que definas todas las palabras existentes, al llevarlas a la acción en el mundo objetivo, cómo hayas creado tus reacciones semánticas son los que le darán un significado real, le darán vida, a esas palabras. Los idiomas son como los mapas, entre más se asemejen a la realidad, mejor nos llevarán a nuestro destino (en este caso, comunicarán nuestras ideas). Si soy extranjero, de nada me sirve un mapa que me diga que entre Panamá y Aguadulce está Santiago; lo más probable es que demore una eternidad en llegar a Aguadulce o que no llegue en el peor de los casos.

Una vez que entendemos la estructura de las palabras (artículo de la semana pasada) y las reacciones semánticas, muchos significados atribuidos a palabras que controlan nuestro pensar y nuestro proceder empiezan a difuminarse en una niebla que lo único que puede dispersarla es la estructura. Esta estructura nos acerca a la realidad del mundo objetivo y disipa temores que no tienen fundamento alguno.

 

Dicho esto, suerte en tu próximo encuentro con una cucaracha.

 

Javier Narváez

Ingeniero Electromecánico

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