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#JuevesDeRazón El Matrimonio Igualitario

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El martes 9 de enero, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió la orden de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo a raíz de una consulta realizada por el gobierno de Costa Rica.

Siendo Panamá un Estado de Derecho y reconocedor de la competencia de la CIDH en temas de derechos humanos, tendría que acatar el fallo de la Corte.

En lo personal, me parece genial que dos personas, independientemente de sus preferencias sexuales, que quieren pasar el resto de sus vidas juntos, ya sea por razones sentimentales, financieras, legales o de cualquier otro tipo, decidan casarse si eso los hace felices. ¿Quién soy yo para impedirles su felicidad?

Hay muchos que opinan como yo, pero hay un grupo de personas que no están de acuerdo con este fallo de la CIDH, al punto que están viendo como manipulan conceptos como “fallo”, “resolución”, “vinculante”, “derecho internacional privado”, “matrimonio” para evitar que las personas del mismo sexo tengan el derecho de formar una familia ante la ley en nuestro país.

Analicemos este aspecto de manera fría. Legalmente en Panamá, el Código de la Familia define el matrimonio como “… la unión voluntariamente concertada entre un hombre y una mujer …”, sin embargo, la Constitución está por encima del Código y en esta, en el Artículo 4, se establece que “La República de Panamá acata las normas del Derecho Internacional” por lo que sería inconstitucional no obedecer el fallo de la CIDH. En cuanto a salud, la comunidad LGBTI tiene el mismo riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual que las personas que no pertenecen a ella, por lo que no es un riesgo para la salud pública adoptar esta convención; es más me atrevería a asegurar que los casos de VIH/SIDA son más comunes en las personas heterosexuales que en las homosexuales (si alguien maneja esta información, sus comentarios sustentados serían un gran aporte). La comunidad LGBTI está integrada en la sociedad tanto a nivel social, económico, artístico, político y muchos otros, aunque siguen siendo víctimas de discriminación.

Si nada de lo mencionado arriba sustenta que Panamá deba actuar en contra de una orden de la CIDH, ¿por qué tanto empeño en evitar que las parejas homosexuales se casen? El diputado José Antonio Domínguez nos lo explica muy bien en sus declaraciones hechas a la prensa nacional: “… promover el movimiento de uniones entre dos personas del mismo sexo, ESO es una aberración, es una aberración, NO ES NATURAL. El hombre no fue creado, y la mujer, para que estuvieran emparejado entre hombre y hombre y mujer y mujer. Eso pone en riesgo […] la raza humana. No existe manera de que un hombre con otro hombre se reproduzcan, igual una mujer con una mujer. Y la raza humana debe subsistir […]”.

Definitivamente esto ya está tomando un matiz religioso, o sea, lleno de ignorancia. Arrojemos algo de luz a las palabras del diputado.

  • El uso de la palabra aberración, semánticamente hablando, está cargada de odio y desprecio, sentimientos que no suelen atribuirse a una persona religiosa.
  • La frase “no es natural”, refiriéndose a las uniones entre homosexuales, implica que no ocurre de manera natural o en la naturaleza, algo que obviamente es falso ya que las uniones homosexuales sí ocurren en la naturaleza y no solo entre humanos, sino en varias especies del reino animal.
  • La frase “El hombre no fue creado, y la mujer, para […]” implica dos cosas
    1. Que tanto el hombre y la mujer fueron creados, lo cual no es cierto y esto está científicamente comprobado mediante la teoría de la evolución, uno de los mayores logros de la biología y la ciencia en general.
    2. La palabra “para” implica que el ser humano está en la Tierra con un objetivo o un propósito, cuando no hay evidencia alguna de que esto sea así.
  • La frase “Eso pone en riesgo a la raza humana” es demasiado hiperbólica, por decir lo menos. No estamos hablando de imponer una ley que obligue a que todos los hombres se casen con otros hombres y que todas las mujeres se casen con otras mujeres. Estamos hablando de crear una ley que permita que, si dos hombres o dos mujeres quieren casarse voluntariamente, tengan la capacidad legal de hacerlo. La raza humana subsistirá aunque las personas del mismo sexo se casen ya que las personas heterosexuales seguirán reproduciéndose dentro o fuera del matrimonio (el matrimonio no es requisito para la reproducción).

Ya he hablado de la religión anteriormente y esta es una de las cosas que me molestan de ella. No dudo que el diputado Domínguez sea una buena persona, ya saben, alguien que quiere a su familia, que trabaja para llevar un sustento a su hogar, que cuida a los animales y al medio ambiente, pero los dogmas de la religión que profesa le hacen decir cosas sin sentido y a tratar a personas que no tienen sus mismas preferencias sexuales como si no fueran seres humanos. El matrimonio civil es un derecho de todas las personas, independientemente de su etnicidad, clase social, preferencia sexual o religión. Nadie le está pidiendo a las comunidades religiosas que casen a los homosexuales en sus templos, iglesias, sinagogas, mezquitas, etc. (es más, si yo fuera homosexual no quisiera pertenecer a una comunidad que me señala, rechaza y denigra como lo ha hecho el diputado), pero como dijo el ganador del Premio Nobel de Física Steven Weinberg: “La religión es un insulto a la dignidad humana. Sin ella tendríamos a personas buenas haciendo cosas buenas y a personas malas haciendo cosas malas. Pero para que una persona buena haga cosas malas, se necesita la religión.”

A las personas de la comunidad LGBTI, sepan que tienen en mí, y en muchos otros como yo, un aliado en esta lucha para que todos ustedes sean tratados como lo que son, seres humanos capaces de amar incondicionalmente y formar familias ejemplares.

 

Javier Narváez

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