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#JuevesDeRazón ESCASEZ ¿REALIDAD O FICCIÓN?

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Siguiendo la idea del artículo de la semana pasada, el problema inicial de las tribus era que los recursos que producía la tribu sedentaria eran suficientes para cubrir sus necesidades a corto plazo. Si estos eran robados o compartidos debido a la integración de ambas tribus sin aumentar su producción, era cuestión de tiempo para que los alimentos, la madera, las balsas y demás recursos se volvieran escasos o se acabasen.

La escasez es la poquedad o mengua de algo (Diccionario de la lengua española). Esto no debe confundirse con el término finito, que significa que tiene fin, término o límite. Es comprensible que, en los inicios de la historia del ser humano, al carecer de herramientas tecnológicas y los procesos modernos con los que contamos hoy en día, la escasez fuera motivo de preocupación y peleas entre los pocos habitantes que ocupaban La Tierra en ese entonces. Hoy en día realmente no hay necesidad de tal preocupación.

Definamos algunas necesidades básicas para la supervivencia del ser humano. Podríamos estar de acuerdo en que los recursos que no deberían faltar en ninguna sociedad hoy en día deben ser agua potable, alimentos y energía. Veamos si, a nivel mundial, existe tal escasez.

En cuanto al agua, un artículo de la Institución de Ingenieros Mecánicos en el Reino Unido (IMechE, por sus siglas en inglés) indica que mundialmente se desperdician 550 mil millones de metros cúbicos de agua para cultivar alimentos que nunca llegarán a los consumidores, un desperdicio tanto de agua como de alimentos. Solo en EE. UU., un país de primer mundo, las fugas de agua en los hogares pueden desperdiciar casi 4 billones de litros de agua, según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés). Este es el consumo anual promedio de aproximadamente 11 millones de hogares. Imaginen cuánta agua podemos estar desperdiciando en Panamá o en otros países con peores infraestructuras y regulaciones que las nuestras.

¿Alimentos? Un estudio del Programa de la Naciones Unidas y el Instituto de los Recursos Mundiales (UNEP y WRI, respectivamente, en inglés) cerca de un tercio de todo el alimento producido mundialmente se bota o se desecha en los sistemas actuales de producción y consumo de alimentos. Si tienen dudas acerca de esta cifra, pregúntenle a cualquier persona que trabaje en la cocina de algún hotel o restaurante qué hacen con la comida preparada que no se vendió ese día. Otro estudio de la UNEP indica que entre el 30 y el 40 por ciento de los alimentos producidos en EE. UU. son desechados, el equivalente a 20 libras de alimento por persona por mes. Tomando en consideración que hay personas que salen de su casa sin saber si podrán comer algo en la noche, estas cifras son escandalosas, por decir lo menos.

¿Energía? Si aprovecháramos el 0.1% de la energía solar que llega a La Tierra con una eficiencia del 10%, sería suficiente para cubrir la demanda energética mundial cuatro veces, según la Ing. Anahí Molar Cruz en su artículo Panorama Energético Global: Recursos y reservas, tendencias, tecnologías emergentes y áreas de investigación. Si añadimos las demás tecnologías de energías renovables existentes (eólica, geotérmica, mareomotriz, undimotriz) y otras que estén aún por descubrir, pues tenemos este rubro cubierto.

Estos datos nos llevan a pensar si realmente hay escasez de recursos para cubrir las necesidades básicas. Si vemos otros recursos como viviendas, dispositivos electrónicos, medios de transporte, entre otros, a simple vista nos damos cuenta de que no existe tal escasez. Y, sin embargo, siempre tenemos esa sensación de que nos falta algo, de que queremos algo que no tenemos, de que necesitamos cosas que realmente no necesitamos. Verán, esta urgencia no es real sino ficticia y es lograda mediante la publicidad. Estamos bombardeados por todos los frentes: televisión, radio, vallas publicitarias, voceo, ads en aplicaciones y redes sociales, que nos intentan “meter por los ojos” productos que no necesitamos pero que nos pintan que debemos tenerlos ya sea por moda, prestigio o cualquiera otra banalidad. Esto es la consecuencia de un sistema económico en donde el consumismo es el combustible mismo del sistema ya que si no hay quien compre, o no hay “necesidad” de comprar, el sistema colapsa pues no habría flujo de dinero para que las empresas puedan cubrir sus costos, incluidos los salarios de los cuales dependen los trabajadores para seguir comprando lo que necesitan.

El mercado necesita crear esta falsa idea de escasez para mantener el sistema en funcionamiento. Lo triste de esto es que actualmente contamos con los recursos tecnológicos y los sistemas de manufactura más eficientes que se pueden tener (en el futuro serán incluso mejores) para producir, región por región, una abundancia global de recursos (no confundir esto con recursos infinitos, no es lo mismo). Solo unas cuantas cosas nos prohíben alcanzar esto: el haber nacido con estos sistemas económicos actuales en vigencia y no poder concebir algo diferente al no estar expuestos a otros tipos de economías, la falta de conocimiento sobre las tecnologías actuales de manejo de la información y procesos de manufactura y distribución y el dinero como limitante al momento de adquirir estas nuevas tecnologías. Pero, como mencioné en el artículo anterior, es increíble que, como especie dominante, seamos presos de un concepto que creamos en un momento de necesidad pero que simplemente no existe. Ya el dinero, al igual que otras construcciones sociales, han dejado de ser funcionales. En la medida en que, poco a poco vayamos abriendo los ojos ante esta realidad, poco a poco iremos mejorando como sociedad.

Javier Narváez

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