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#JuevesDeRazón La Fe: Licencia para abandonar el uso de la razón

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#JuevesDeRazón

 

Hasta donde sabemos, el ser humano es la versión más avanzada del proceso evolutivo. Llevamos este honor ya que, a diferencia de todas las otras especies, cada generación humana empieza donde terminó la anterior gracias a que hemos podido llevar registro de cada nuevo descubrimiento. Como dijo Bernardo de Chartres “… somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no por la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura.”

Durante nuestra existencia como especie hemos descubierto, a los tumbos, un conjunto de herramientas que nos han llevado a entender poco a poco el mundo en el que vivimos y el universo donde este existe, la manipulación del fuego, el lenguaje, las matemáticas, la lógica, el método científico, en fin, un sinnúmero de herramientas.

Dentro de ellas está el uso de la razón, el pensar en los eventos que ocurren de manera lógica y con sustentos validados, sustentados por el mundo físico. Es así como hemos podido desarrollar nuevas tecnologías y teorías que explican los hechos que se presentan en la naturaleza; al final, no hay mejor juez que la realidad.

Sin embargo, entre todas las cosas que hemos creado, está también la fe, que es la base de toda religión. La Biblia define la fe como “… la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no ve.” (Hebreos 11:1). Dicho en otras palabras, tener la seguridad de que lo que crees o quieres se hará realidad, creer sin o a pesar de la evidencia. La persona que escribió esto, por más sabia que fuere, no tenía disponible en su momento el conocimiento acumulado de cientos de años de avances tecnológicos que tenemos ahora. Definitivamente había que creer en muchas cosas en ese entonces para hallarle algo de sentido a las cosas que ocurrían en el día a día (ver el artículo Creencias vs Conocimiento). Eventos como tornados, fuego fatuo, tormentas, terremotos, pestes, cometas, estrellas fugaces, eclipses, maremotos y demás no podían ser explicadas como lo son hoy en día. De allí que los dioses fueran los gestores de todas estas desgracias porque estaban enojados con nuestros actos. Bien lo dijo el poeta alemán Heinrich Heine, “En épocas oscuras, las personas son mejor guiadas por la religión, así como en una noche negra un ciego es el mejor guía; conoce las calles y caminos mejor que un hombre que puede ver. Al llegar el día, sin embargo, es tonto usar a un viejo ciego de guía.”

Sí, la fe fue una herramienta muy útil en tiempos de ignorancia, dudas, miedo e incertidumbre; sin embargo, los tiempos han cambiado. Prácticamente todas las cosas que no podían ser explicadas en ese entonces ahora lo son por diversas corrientes científicas: geología, biología, física, astrofísica, oceanografía y así muchas otras. Creer hoy en día que, por fe, sucederá x o y cosa es abandonar voluntariamente el uso de la razón.

Es cierto que hay muchas cosas que aún desconocemos, pero no abandonemos los métodos que nos han permitido hacer prótesis para que personas discapacitadas puedan volver a caminar o abrazar a sus seres queridos, crear vacunas para casi erradicar enfermedades que una vez fueron causantes de millones de muertes, crear telescopios y microscopios para entender el universo tanto a nivel macro como a nivel micro, descubrir la relación entre la electricidad y el magnetismo y que la luz no es más que una manifestación de este fenómeno, desarrollar tecnologías que nos permiten comunicarnos con nuestros seres queridos a kilómetros de distancia en segundos, determinar el paso de un huracán para tomar, a tiempo, medidas que salven miles de vidas. Métodos que nos han hecho la vida mucho más fácil y que han probado, una vez tras otra, que funcionan.

No hay falta en reconocer que somos ignorantes en muchas cosas, pero no intentemos llenar esta ignorancia con aún más ignorancia. Siempre habrá espacio para el “Dios de los baches” (God of the gaps), con cada nuevo descubrimiento salen a la luz nuevas preguntas donde, si abandonamos el uso de la razón y los métodos de la ciencia, la fe tendrá la respuesta inmediata sin duda alguna ya que esta no admite dudas.

¿Qué habrá en el cerebro humano que prefiere mil veces la certeza de una mentira a la incertidumbre de la verdad?

 

Javier Narváez

Ingeniero Electromecánico

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