Connect with us

Columnas

#JuevesDeRazón La Ilusión del Libre Albedrío

Published

on

 

Escoge una ciudad, cualquiera en el mundo. Esta será una de las decisiones más libres que tomarás jamás. ¿Listo? De seguro escogiste la equivocada. Escoge otra ahora. Seguramente muchos escogieron ciudades famosas como New York, París, Londres, quizás un lugar que hayas visitado recientemente como Medellín, Miami o San Pedro Sula, o ciudades que han sonado fuertemente en los últimos días como Caracas o Viena. Ahora, ¿qué tan libre fuiste de escoger esa ciudad que escogiste? ¿Qué hay de las miles de ciudades que existen y que no pudiste escoger simplemente porque no las conoces? ¿Te suenan Kinshasa, Maputo, Ceuta? ¿Qué tal Perth, Suva, Honiara? ¿Tal vez Daca, Ho Chi Minh, Karachi? ¿Qué hay de las ciudades que sí conoces o has oído de ellas, pero simplemente no te “vinieron a la mente”? ¿Seúl, Johanessburgo, Kiev, Kyoto, Auckland? ¿Fue voluntad tuya que no te vinieran a la mente o simplemente no tuviste control sobre ello? Si no tenías control sobre ello, ¿qué te hace pensar que fue tu voluntad pensar en las ciudades que sí consideraste como opciones?

El libre albedrío no es más que una ilusión. Muchos nos sentimos (me incluyo) amos y señores de nuestros pensamientos e ideas porque nos han dicho desde pequeños que todos tenemos libre albedrío (o que podemos tomar decisiones a nuestra libre voluntad). Este es uno de esos casos donde una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad. En realidad, no es así. Cada decisión que tomamos, cada pensamiento o idea que tenemos (por más “original” que estos sean) está influenciada de una u otra forma por nuestras experiencias, lo que vemos, lo que oímos, lo que sentimos, todo está conectado. Nada de lo que ocurre en tu cabeza es puramente tuyo.

Estudios de neurociencia demuestran que, en una prueba donde el individuo estudiado tiene que elegir entre tomar un objeto con la mano derecha o la izquierda, los científicos que monitorean la actividad cerebral del individuo saben con qué mano este tomará el objeto incluso antes de que él genere el impulso eléctrico que activa los músculos de dicho brazo. No hay nada de original ni espontáneo en esto.

Este estudio y otros similares han llegado a la conclusión de que las decisiones que tomamos son o víctimas del determinismo, o sea que son consecuencias de una cadena de eventos que los preceden y que no tenemos control sobre ellos, o bien de algún tipo de aleatoriedad, e igual no tenemos control sobre esto.

Ahora bien, esto no significa que debemos andar por la vida sin tomar decisiones y esperando a que nuestra vida se desenvuelva frente a nosotros sin nuestra participación. Claro que es importante que tomemos decisiones, pero es más importante que sepamos cómo es este proceso. Entender que nuestras experiencias, lo que leemos y lo que escuchamos ayudan a preparar el terreno sobre el cual fundamentaremos nuestras próximas decisiones.

Saber esto incluso no hace ser más humanos y entender un poco mejor a los demás. ¿Quién no ha dicho alguna vez que, si estuviera en el lugar de otra persona, habría actuado diferente? Todo parece indicar que, si fueras la otra persona, célula por célula y átomo por átomo, y hubieras vivido exactamente lo que él ha vivido, en su lugar habrías tomado la misma decisión. ¿Qué nos dice esto de los ladrones, asesinos, violadores y corruptos? ¿Qué ha pasado y pasa en sus vidas que toman la decisión de robar, matar, violar? ¿Qué podemos hacer como sociedad para evitar esto más adelante? Los sistemas penales alrededor del mundo están basados en la responsabilidad de las personas que toman decisiones equivocadas. ¿Y si este enfoque no es el apropiado? ¿Cuánto peso de esta culpa la tienen los familiares, amigos, vecinos y la sociedad en la que vive el individuo en cuestión?

Cuanto más conscientes seamos de los susceptibles que son nuestros pensamientos e ideas, más cuidado tendremos para filtrar las cosas que pueden influenciarlas.

Javier Narváez

Advertisement

Lo más popular