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#JuevesDeRazón LA XENOFOBIA (O VENEFOBIA)

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Desde hace unos años ya se ha venido dando una situación con los hermanos venezolanos en Panamá. Durante el tiempo en que Hugo Chávez era presidente de Venezuela, muchos de ellos vinieron a Panamá para invertir su dinero en un país lleno de oportunidades y que mostraba una clara tendencia al crecimiento económico, en otras palabras, una promesa de éxito en los negocios.

En ese entonces, el grupo de venezolanos que venía era el que tenía cierto poder adquisitivo y que estaba acostumbrado a cierto trato en Venezuela. Pero cuando llegaron a Panamá se dieron cuenta de una realidad, aquí nadie con dinero recibe trato exclusivo (al menos en las interacciones diarias, en el ámbito legal la cosa cambia, pero ese es otro tema). Al ver esta “irregularidad” empezaron a quejarse constantemente del mal servicio del panameño (algo que no escapa de la realidad y cualquiera que haya viajado sabe que es así), dando cierta reputación al venezolano. Términos como “crecido”, “mierdero”, y altanero empezaron a ser adjetivos comunes para describir a este grupo.

Pero esos venezolanos ya no vienen a Panamá o mejor dicho ya no hay de esos venezolanos en Venezuela. El venezolano que ha venido a Panamá en los últimos dos o tres años es uno que está tratando de ver como escapa del sufrimiento que se vive en dicho país. La falta de alimento, medicamentos, insumos hospitalarios, seguridad y otros factores básicos para una vida digna han hecho que muchas personas vendan todas sus pertenencias para hacer un viaje, sin retorno próximo en el horizonte, hacia un lugar que les permita vivir bien y enviar EL DÓLAR a sus parientes en Venezuela.

Ahora bien, hay que destacar dos cosas cuando se dan este tipo de emigración masiva, sobre todo cuando se trata de un país tan grande como Venezuela y en las condiciones en la que se encuentra. La primera es que si, por ejemplo, el 1% de la población venezolana es del mal vivir (ladrones, embusteros, matones, y demás), pues podemos esperar aproximadamente esa misma proporción de venezolanos del mal vivir ingresando al país. La segunda es que la gran mayoría del resto de los venezolanos no vienen con las intenciones de incomodar a nadie. Cuando esto sucede, generalmente se debe a un tema cultural. Personas de dos países con idiosincrasias diferentes tendrán sus encontrones en algún momento. El secreto aquí está en ponerse en el lugar de la otra persona, tratar de entender el porqué de su comportamiento y actuar acorde.

Dicho esto, hay un grupo de panameños proliferando un “hate-speech” acerca de los venezolanos, diciendo a diestra y siniestra que ellos vienen a quitarnos el trabajo a los panameños. Tengo que discrepar en cuanto a esto. Primero, ningún extranjero puede quitarle un trabajo profesional a un panameño ya que hay leyes que lo prohíben (escuche de una ley que al parecer anula esto, mas no la he leído y de ser así, la culpa es de la Asamblea, no de los venezolanos). Los trabajos que toman los venezolanos, y los extranjeros en general, son los que no quieren hacer los panameños: chicheros, paleteros, bartenders, meseros, choferes y, por qué negarlo, prostitutas. Si un venezolano le quita un puesto profesional sería por uno de estos dos motivos, el primero es que uno venezolano tenga un negocio y quiera ayudar a un coterráneo (¿no haríamos lo mismo nosotros?); el segundo, el venezolano está mejor preparado que el panameño. En ninguno de los dos casos la culpa es del venezolano. Los responsables son las entidades del gobierno encargadas de regular y dar seguimiento a lo caso del exceso de extranjeros en las empresas y del Ministerio de Educación y las universidades que no están preparando adecuadamente a los nacionales. Esto me recuerda al caso de los taxistas y Uber. Los primeros quieren que el segundo se vaya porque les está quitando el trabajo. Y si se va Uber, ¿con qué se queda el cliente? Con un servicio de mala calidad. Nuevamente el problema no es Uber (los extranjeros) es el mal servicio de los taxistas (la mala preparación que están recibiendo los profesionales en el país).

Pero todo lo mencionado anteriormente no soluciona la realidad del tema, la inmigración de venezolanos se ha salido de control. Espero que el visado ayuda a aminorar esta problemática (créanme que conseguir 50 dólares en Venezuela no es nada fácil, además de que los procesos estatales están más que ralentizados con la situación actual y ni hablar de traer 500 dólares para mantenerse en el país). Panamá ya ha hecho mucho al darle la mano a cerca de 80 mil venezolanos que están actualmente en el país.

Espero, sinceramente, que la situación en el hermano país de Venezuela se resuelva cuanto antes para que sus hijos puedan regresar a su casa a trabajar para hacer de Venezuela la gran tierra que una vez fue.

El autor es ingeniero electromecánico

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