Connect with us

Columnas

#JuevesDeRazón ¡Ya despertamos!

Published

on

9 de enero, parador de la cinta costera, 8:45 de la mañana. Un grupo considerable de personas llenando la plaza, muchos con expectativas acerca de qué ocurrirá, otros conversando sobre los temas de corrupción, otros buscando personas conocidas para hacer un grupo. Hay una unidad móvil, las personas que convocaron la manifestación cerca de ella preparándose para lo que será un evento sin precedentes en los años post-invasión.

Empieza el evento. Uno a uno, van tomando turno en el micrófono personas del ámbito público haciendo mención de los casos de corrupción, las personas los apoyan con aplausos y respondiendo a las consignas. En el público, diferentes medios de comunicación no convencionales entrevistan a las personas y estas liberan todo este repudio y esa indignación de manera muy elocuente y sensata. Frases como “estamos hartos”, “basta ya”, “no queremos más corrupción”, “queremos un mejor Panamá” son las más pronunciadas. Entre la multitud, uno grita “corrupto a la vista” y todos señalan al dueño de un importante periódico de Panamá.

Considerando la fecha, se hace homenaje a los mártires del 9 de enero. Se mencionan uno a uno sus nombres y el pueblo dice “PRESENTE” y al terminar, se honran sus memorias con un minuto de silencio. Una vez finalizado, un aplauso en conjunto.

Siguen hablando en la unidad móvil. Personajes como Ubaldo Davis, Wyznick Ortega, Miguel Antonio Bernal, Mauricio Valenzuela, entre otros, dicen lo que todos queremos decir, señalan a los que todos queremos señalar y exigen lo que todos queremos exigir.

¿Los números? Cerca de diez mil panameños, un poco más de los “cuatro gatos” que algunos dijeron que iban a ir. Cerca de diez mil panameños indignados con la “danza de los millones”, con las “casa por cárcel”, con “la lista de Odebrecht”, con los políticos a los que se les dio la confianza en las urnas y que una vez en sus puestos le dan la espalda a esas personas que los pusieron allí.

Llegado el mediodía se oye entre la gente “vamos a la calle”, “marchemos hasta el Miramar” (residencia del Excelentísimo Presidente). No estaba en la agenda, pero ya que aquí estamos, allá vamos. Llegados al edificio, la consigna se grita en alto “AHÍ, AHÍ, AHÍ ESTÁ EL LADRÓN” (que no estaba por estar cumpliendo con los actos protocolares de la fecha, pero la idea es clara). La policía, al margen; ya sea por instrucciones de arriba o porque, quizás, también es su sentir, al margen. Se rodea el edificio, ahora la gente esta frente a la entrada principal del hotel. Llega el director del Servicio de Protección Institucional solicitando que se desaloje el área. No pasa a mayores. La marcha acaba poco después de la 1:00 pm.

¿Qué logramos? ¿Acabamos con la corrupción? No. ¿Entregaron la lista? No. ¿Algún involucrado en actos de corrupción con medida de casa por cárcel está en prisión? No. Entonces, ¿qué logramos? Mucho, si me preguntan a mí. Logramos que los gobernantes vieran que las molestia e indignación del pueblo no es mera percepción. Logramos que sepan que la clase media trabajadora, el motor de cualquier país y la mayoría de los que estaban en la manifestación, ya está harta de la corrupción que se ve en el país (y la que no se ve también). No solo eso, la indignación es tal que ya está dispuesta a tomar cartas en el asunto. El 9 de enero de 2018 se convocó manifestación y terminó en marcha, mañana puede ser una marcha, ¿en qué terminará?

Políticos corruptos, recuerden que nosotros los pusimos en esos puestos. Ya por mucho tiempo nos han dado la espalda, a nosotros que somos a quienes ustedes se deben. Llegado el momento, recuerden que los honestos somos más, pero la honestidad no quita la valentía. La valentía de tomar lo que por derecho nos pertenece y que ustedes no han quitado, un Panamá justo y digno para todos.

Javier Narváez

Advertisement

Lo más popular