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Columnas

Las probabilidades y el poder de la oración

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#JuevesDeRazón

 

Primero, quiero felicitar a la selección de futbol de Panamá por su primera participación en un Mundial y por dar el mejor marco para hablar sobre las probabilidades y la ilusión del aporte de la oración en ellas.

Limitándonos a resultados solamente, asumiendo que los partidos se definían por la mínima sin afectar considerablemente la diferencia de goles, existían 27 posibles combinaciones de resultados. De ellas, 22 (81.5%) favorecían a Estados Unidos con el pase directo al Mundial , 3 (11.1%) a Panamá y 2 (7.4%) a Honduras. No solo eso, las probabilidades de que Honduras fuera al repechaje eran de un 29.6% y de que Estados Unidos quedara fuera solo del 3.7%. No solo eso, de las 27 combinaciones de resultados, solo una daba como resultado el pase directo de Panamá, el repechaje de Honduras y la eliminación de Estados Unidos; era dos veces más probable que Honduras pasara directo y que Panamá quedara eliminado.

Mi pregunta es, ¿qué aporte tuvieron las oraciones de miles de panameños en los resultados de los partidos? ¿Su fe o sus buenos deseos? Lo pregunto porque estoy muy seguro de que, antes de que empezara el juego, casi nadie veía a Panamá clasificando directo al Mundial. Todos querían que Panamá ganara para ir a un nefasto repechaje con Australia. Muy pocos consideraban una opción real la derrota de Estados Unidos ante los trinitarios.

Todos pueden creer que su fe o que la fe conjunta de una nación hizo esto posible, pero lo que sabemos es que los resultados fueron debido al trabajo de los 6 equipos que estaban jugando, fallos arbitrales (gol del empate de Panamá) y pura suerte (2do gol de Honduras).

Y es que la fe se maneja en estos terrenos en donde existen probabilidades de que algo ocurra. No conozco a nadie que rece para ganarse la lotería sin comprar los billetes, ni para que alguien se sane de alguna enfermedad sin ir al médico ni tomar algún medicamento. Siempre involucra una acción del interesado o de personas cuyas acciones ayudan a alcanzar el objetivo, o de la suerte, que no es más que probabilidades casi nulas de que algo ocurra, pero son probabilidades existentes al fin. Jamás he escuchado a nadie orando o diciendo que tiene fe en que a una persona que le amputaron el brazo le crezca el miembro amputado nuevamente o que una persona con síndrome de Down o parálisis cerebral se cure. Obviamente, no existe posibilidad alguna de que eso suceda.

Esta es la oferta de la fe, cree que algo que es posible que pase pasará y, si pasa, será producto de tu fe. Si es imposible que pase, la fe no funciona con eso. Esto crea la ilusión de que tus deseos se cumplen por el simple hecho de desearlo (la premisa de “El Secreto” o la ley de la atracción), dando una falsa confianza de que, solo por convicción, las cosas sucederán.

Tomemos el caso de los desastres naturales ocurridos recientemente. Dudo que alguien quisiera que algo así le ocurriera a los hermanos estadounidenses, mexicanos o caribeños, sin embargo, pasó. Y es aquí donde miles de fieles se alzan en plegarias pidiendo que les vaya bien a los sobrevivientes y que puedan rehacer sus vidas. ¿Qué probabilidades hay de que esto suceda sin que los que oran o los sobrevivientes o los sistemas de protección civil u ONG’s hagan algo al respecto? Seguro no serían muchas. Empero, toda una maquinaria de ayuda local e internacional se pone en marcha tan pronto acaba el desastre, independientemente de si el mundo entero reza o no. Sabiendo esto, el creyente que ora, pero no forma parte de este mecanismo vivo de ayuda, lo hace para sentirse bien él, porque en el fondo sabe que otros harán lo que él no va a hacer. ¡Ojo! Sé que hay muchas personas que aparte de rezar y poner sus #PrayFor_____ en redes sociales también aportan. A ellos, mis respetos.

Ahora, muchos creen que, porque las probabilidades de que algo ocurra son ínfimas, no es posible que esto ocurra. Esto no es para nada cierto. Números más, número menos, la probabilidad de que tú existas, tal y como eres, está estimada que es de 1 en 10 elevado a la 2,685,000 -ésima potencia (eso es un 1 seguido de 2,685,000 ceros; trata de escribir eso). Esto es equivalente a que 2 millones de personas estén reunidas en un lugar, cada uno con un dado de mil billones de caras y que, al lanzarlos todos al mismo tiempo, todos obtengan el mismo número de 12 dígitos. O sea, que la probabilidad es casi cero y, sin embargo, aquí estás leyendo esto.

Si realmente te preocupa algo, que esa preocupación no quede solo en palabras y pensamientos. Actúa y sé un agente de cambio.

Javier Narváez

Ingeniero Electromecánico

Ingeniero Electromecánico y colaborador de ClaraMENTE con su columnas Jueves de Razón.

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