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Columnas

#OPINIÓN Los prejuicios y la discriminación

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La real academia de la lengua define el prejuicio como una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal. Proviene del latín praeiudicium que significa ¨juicio previo¨, ¨decisión prematura¨.

Nótese que usualmente los prejuicios se deben a un criterio poco formado sobre un tema y casi siempre está equivocado. ¿Pero que tiene que ver esto con la discriminación?

Siguiendo el hilo del tema, para manejar mejor los términos procedo a definir discriminar según la RAE. La primera definición habla de seleccionar excluyendo, lo cual no es nada malo ni reprochable, puesto que todos en algún momento lo hacemos. Sin embargo, la definición que cabe y a la que me quiero circunscribir es a la segunda: dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, etc. Y este trato desigual, la mayoría de los casos es debido a ideas preconcebidas o estereotipadas sobre ese grupo de personas, es decir; debido a prejuicios.

¿Por qué entonces está mal discriminar según raza, sexo, etc? Porque estos prejuicios que nos hacen tratar de modo diferente y hasta a veces despectivo a las personas; conduce a problemas sociales por exclusión y va en contra de todos los principios de justicia e igualdad por los que tanto se luchó en el pasado (incluso se sigue luchando en la actualidad). La discriminación debido a prejucios se dio a gran escala en décadas previas contra muchos grupos: negros, mujeres, judíos, etc. Causó escalada de acciones hasta el asesinato en masa, perpetuó la disgregación racial, la esclavitud e incluso la falta de acceso al voto femenino.

Las personas prejuiciosas hacen mucho daño, porque están convencidas que el grupo de personas que discriminan no son iguales en derechos y dignidad. Muchos se encuentran justificando apartarlos, porque según sus rudimentarios razonamientos, representan un peligro o algo que debe ser excluído de la sociedad. Así pensaban los prejuiciosos de negros: que eran violentos, promiscuos, violadores por naturaleza y que eso justificaba excluírlos del resto de la sociedad creando inodoros exclusivos, escuelas exclusivas, y evitando que los niños ¨blancos¨ jugaran con niños negros o incluso que compartieran o frecuentaran familias de negros. Todas estas etiquetas y categorizaciones apresuradas erradas se fueron enseñando a los más pequeños, que debido a su falta de experiencia y criterio; terminaban reproduciendo los mismos prejuicios que sus padres y la sociedad les inculcó. Incluso las personas llegaron a pensar que lo ¨normal¨ era lo que se les había enseñado (excluir/discriminar).

A pesar que los seres humanos siempre podemos ser víctimas de prejucios; en tiempos modernos donde tenemos la oportunidad y el acceso a información para formarnos criterios con más calma, no podemos seguir cayendo en categorizaciones y juicios apresurados. Discriminar no debería ser un asunto tan frecuente.

Educarnos para derribar esterotipos es el mejor medio para evitar caer en prejuicios y discriminar. Todos merecemos un trato digno, justo, con iguales derechos y oportunidades sin distinciones absurdas basadas en etiquetados absurdos desprovistos del tamiz racional.

Afortunadamente en la actualidad tenemos la ayuda de la ciencia y de las leyes positivas (basadas en la razón) para dar claridad en donde los prejuicios nublan el entendimiento. Espero que muchos hombres y mujeres de ciencia; así como abogados, comprendan la importancia de usar su completa capacidad racional. Espero que empiecen a eliminar sus más íntimos prejuicios a favor de una sociedad más justa, pacífica e incluyente. Somos un animal racional, y ese hermoso regalo evolutivo no debe desperdiciarse.

La autora es médico pediatra.

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