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Cultura

Curundú: Un bastión del congo metropolitano.

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Entre las faldas del cerro Ancón y el histórico barrio de Calidonia, en Curundú, acaeció el día de ayer un evento folklórico que, lastimosamente, como el sector metropolitano en cuestión, es infravalorado y ninguneado por los prejuicios de un país que, aún con más del ochenta por ciento de su población de origen afrodescendiente, históricamente ha tenido mayor empatía e identificación cultural con las manifestaciones folklóricas de la región de Azuero.

La velada era supervisada por la reina y rey Congo, quienes daban a su comunidad un gran caldero de sopa; los diablicos, al ritmo de los tambores, azotaban a los despistados que a destiempo se agachaban en la polvareda del suelo; el palenque estaba servido, la comunidad, además, en el toque del tambor rebelde; la corte se envestía en la noble tarea de ‘’capturar’’ a los diablicos para entonces proceder al bautizo, punto culminante del ritual ancestral.

El baile, cultura y género del Congo sobreviven al desarrollo de la metrópolis en donde aún se conmemora este importante evento. Detrás del desvencijado estadio de Juan Demóstenes Arosemena, cientos de individuos del barrio popular se congregaron para celebrar sus raíces y la histórica resistencia negra, que funge cual torrente sanguíneo para esta expresión vernacular. Una obra que utiliza el sincretismo de la religión cristiana y una jocosidad imperante en el acto que tiene como origen en la burla y el éxtasis del escape de los cimarrones de las garras de sus amos coloniales hacia su libertad. Cabe aclarar que el amo español es representado por los diablicos, por lo que esta representación de la dicotomía del bien y el mal es la vívida crítica a la opresión; un sistema de inteligencia que utilizaban los fugados para poder conspirar en pos de su liberación de otros hermanos.

En aras de preservar nuestro patrimonio cultural, se debe instar a los gremios culturales y al gobierno a tomar medidas que incentiven la apreciación de esta obra de arte -Que trasciende título- para ser el alma de un pueblo que, bajo el prejuicio de una sociedad que ignora la realidad del folklore afrodescendiente. Educar en cultura es el mayor tesoro que una nación puede dar al mundo. Panamá tiene mucho más que mostrar que una engalanada pollera y un circunspecto montuno.

Texto: Samuel Anguizola

Fotos: Mauricio Valenzuela

 

 

 

 

 

 

 

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